Los vigilantes denuncian que en grandes eventos y en lugares masificados como el metro, cada vez hay menos efectivos y peor pagados porque las empresas quieren ahorrar costes.

 

Hace una semana, Javier perdió un ojo a cambio de 36 euros. Ese fue su salario por vigilar un partido declarado de alto riesgo, el derbi entre Atlético de Madrid y Real Madrid. Se encontraba custodiando uno de los accesos al estadio Wanda-Metropolitano cuando una persona que quería acceder al recinto casi al final del partido, le propinó un puñetazo que le reventó el globo ocular. La ley exige que los clubs refuercen la seguridad en estos partidos, pero Javier estaba solo custodiando el acceso ese día…como siempre.

“En el fútbol nunca sabes cuántos vigilantes de seguridad va a haber. Si, se monta un operativo con 200 vigilantes pero aparecen solo 150 da igual, se pone menos gente en cada sitio y listo”, denuncia Manuel Francisco Ruiz,presidente del sindicato Unión Independiente de Trabajadores (UIT). “Donde siempre hay muchos es delante de las cámaras de televisión. Ahí nunca faltan”, dice con ironía. “Pero en el resto del estadio cada vez hay menos seguridad. Se está sustituyendo a los vigilantes por la figura del auxiliar, que es gente que no tiene ninguna formación pero cobra la mitad. Los ves con su peto naranja por todas partes. Hoy hay casi más auxiliares que vigilantes. Por eso pasó lo del Madrid Arena y algún día habrá otra desgracia parecida, porque a los clubs y las promotoras les da igual. Hoy los protocolos de seguridad solo se cumplen en los papeles”.

 

Se está sustituyendo a los vigilantes por la figura del auxiliar, que es gente que no tiene ninguna formación pero cobra la mitad.

El puñetazo que le arruinó la vida a Javier se podría haber producido aún estando acompañado por más vigilantes en la puerta. O, tal vez, el agresor se habría sentido coaccionado por el número y se habría contenido. En cualquier caso, es una realidad confirmada por todos los vigilantes consultados que los operativos en estadios de fútbol, conciertos y macrofiestas como las de Nochevieja son cada vez más precarios. Menos personal y peor pagado con el único fin de ahorrar costes. A los organizadores del evento les viene bien reducir el presupuesto en seguridad y a las empresas les interesa tirar por los suelos la oferta para ganar el concurso. A costa de rebajar salarios a sus vigilantes o, directamente, cambiarlos por auxiliares que en ningún caso tienen formación ni autoridad para reaccionar ante un altercado.

 

 

“Se miente en el número de efectivos que contratan y el resultado es que en un partido de alto riesgo hay un vigilante por acceso. ¿Pero y si en vez de un loco que da un puñetazo es un yihadista que se cuela en el estadio con una bomba? ¿O un energúmeno con un machete? Sería una masacre”, advierte José Carbonell, vicepresidente de la asociación Marea Negra, que vela por los intereses de los empleados de seguridad privada. “Muchas veces el vigilanteno tiene ni ‘walkie’ y no se puede comunicar con nadie si pasa algo grave. Es decir, tienes a un profesional que cobra 7 o 8 euros la hora, sin medios y sin descanso velando por la seguridad de miles de personas. La gente cree que en los estadios y en los grandes eventos está segura pero no es verdad”.

 

¿Y si en vez de un loco que da un puñetazo es un yihadista que se cuela en el estadio con una bomba?… Sería una masacre.

Como ejemplo, Carbonell expone su propia experiencia personal vivida en la última edición del Festival Internacional de Benicasim (FIB), que reunió este verano a 177.000 personas. “Hay tres escenarios y me tocó vigilar el segundo más grande. Me encontré yo solo con 10.000 personas. No me explicaron el plan de evacuación ni qué hacer en caso de bomba, fuego o estampida. Le dije a uno de los promotores que yo solo no podía controlar un concierto entero pero pasó de mí olímpicamente. Lo único que conseguí es que al menos me dieran un ‘walkie'”.

“Eso sí, había un montón de auxiliares conmigo“, continua. “Hablé con uno y me dijo que le pagaban 4 euros la hora. ‘Yo estoy aquí a lo que tú me digas’, me dijo el chico. No tenía ni idea de nada. En la entrada éramos cinco o seis controlando el acceso y los promotores nos decían ‘haced una cosa rápida’, o sea que ni mirar mochilas ni nada. Si no pasó nada en el festival fue porque Dios no quiso”.

Los clubs de fútbol, igual que las promotoras de eventos, contratan a una o varias empresas para gestionar la seguridad de sus recintos. El Atlético de Madrid, por ejemplo, cuenta con tres empresas (Ariete, Mega-2 y Vectalia) o el FC Barcelona con dos (Prosegur y Sabico). El máximo responsable del operativo es un agente policial, bien sea un alto mando de la Policía Nacionalo de los Mossos d’Esquadra en Barcelona. El club, por su parte, tiene a su propio director de seguridad, el cual coordina a los jefes de cada empresa de seguridad contratada y estos luego trasladan órdenes a sus vigilantes.

“En el fútbol y en los eventos todos los vigilantes que la gente ve están ahí de bolo, lo hacen como un extra para poder llegar a final de mes porque en sus puestos de vigilancia habituales les pagan una miseria. Tu llegas ahí, te colocan en la puerta y a trabajar. Ni te informan de planes de evacuación ni te dicen nada”, confirma un vigilante habitual en el Camp Nou y en eventos en Cataluña. “A eso se suma que en el Camp Nou tenemos órdenes del Barcelona de no engrilletar a nadie para no dar mala imagen. Les preocupa más que el ‘soci’ no se moleste que la seguridad. Nos dicen que si alguien se pone violento lo reduzcamos y, sin engrilletar, lo llevemos hacia donde están los Mossos d’Esquadra. ¿Pero y si en el camino esa persona se me escapa y me clava un cuchillo o agrede a alguien? El club y la empresa se levarán las manos y me echarán la culpa por no haber hecho bien mi trabajo”, se queja.

En el Camp Nou tenemos órdenes de no engrilletar a nadie para no dar mala imagen. Les preocupa más que al ‘soci’, no se moleste.

“Al final, lo que hacemos es ir a mínimos. Por la miseria que nos pagan y los problemas que nos ponen para hacer nuestro trabajo, dices ‘pues mira, si se tienen que hostiar en la grada ya vendrá la policía a resolverlo‘”, continúa este vigilante, que no obstante considera la seguridad en el Camp Nou “un oasis” en comparación con otros estadios de fútbol. “Suele haber cuatro o cinco vigilantes por acceso más los auxiliares. Y luego al menos tres patrullas por el estadio. Sí he notado que van metiendo más auxiliares y eliminando la seguridad, pero el estadio sigue estando muy controlado”.

 

Control de acceso mínimo

Del mismo modo que el Atlético de Madrid resolvió hace siete días un partido de alto riesgo con un vigilante por puerta, el FC Barcelona también bordea la ley a su antojo. En muchos partidos de Liga de Campeones, casi todos de alto riesgo, es habitual que la afición rival, escoltada por la policía, llegue tarde al estadio y se forme una masificación de aficionados pendientes de entrar al recinto a diez minutos de que empiece el partido. “Cuando van tarde los responsables nos dicen que nada de registrar mochilas, que abramos tornos y todo el mundo adentro para que nadie se queje. En ese momento pueden meter lo que les dé la gana, bocadillos, refrescos o cuchillos”, explica el vigilante.

Por todo ello, el vicepresidente de Marea Negra exige que “se depuren responsabilidades por la agresión del otro día en el derbi. El estadio es responsable de lo que pase en ese evento, pero además está la Delegación del Gobierno que, aparte de supervisar el despliegue de policía, debe comprobar que si hay 1.500 vigilantes en el plan de seguridad estén todos y no que la mitad sean chavales sin formación a 5 euros la hora a los que se pide no solo sentar a la gente en las gradas sino reaccionar si hay un incidente”. Ariete Seguridad, la empresa que contrató a Javier el día en que perdió un ojo, se ha negado a atender a este diario.

 

No es cierto que los planes de seguridad no se cumplan, la policía inspecciona el dispositivo constantemente.

Por su parte, uno de los coordinadores de seguridad del Atlético de Madrid comparte la queja de falta de personal en los grandes eventos, pero insiste en que la clave no es la cantidad sino la calidad de los vigilantes: “Los clubs tienen un presupuesto de seguridad para toda la temporada y lo distribuyen según la importancia de cada partido. Deben dosificar y ajustar muy bien ese gasto, pero no es cierto que los planes de seguridad no se cumplan, la policía inspecciona el dispositivo constantemente. Siempre ha habido más auxiliares que vigilantes. Lo importante es que estos últimos estén bien informados de sus funciones y de cómo actuar ante una emergencia. Si la empresa no les informa, es un error grave. Tampoco es admisible que haya solo un vigilante por puerta, debe haber siempre dos como mínimo”.

 

908 euros por jugarse el tipo

“Los vigilantes de seguridad realizan funciones vitales para la sociedad. Antes solo estaban en recintos privados pero ahora están en muchos lugares públicos. La primera intervención ante una emergencia siempre la hacen ellos. No es de recibo que estén cobrando 908 euros por convenio con una subida ridícula de 20 euros anuales en los próximos dos años”, se lamenta Carbonell.

En el Metro de Madrid no es que cobren un salario mísero por un trabajo de riesgo, sino que directamente no cobran. Un centenar de los 550 vigilantes de Seguridad Integral Canaria (SIC) no han cobrado el mes de noviembre y no saben cuándo van a recibir su salario, vital en muchos casos para pagar hipotecas y hasta la comida de sus hijos. “Casi ningún vigilante tiene ahorros, cómo los va a tener con estos sueldos. Yo sobrevivo gracias a que mis hermanos me están prestando dinero pero lo estoy pasando muy mal”, cuenta Pedro Rodríguez, con 12 años de experiencia en el suburbano de la capital.

Pedro lleva 22 días con una pancarta plantado en mitad de la estación de Sol. “Algunos me dan ánimos y otros me insultan. A eso hemos llegado, ni la gente nos respeta”, se queja. El sindicato UIT está realizando una huelga indefinidadesde el 9 de noviembre y hasta que se garanticen sus salarios. Todo a escasos días de que se inicie la campaña de Navidad, con aglomeraciones en el suburbano. “En estos días vamos a empezar una campaña de recogida de comida para todos los compañeros que llevan un mes sin cobrar. Hay casos muy dramáticos, y encima se les exige que vengan a trabajar como si no pasara nada y que se dejen la piel por la empresa”, apunta Juan Pablo Gómez, vicepresidente de UIT y afectado él mismo por la congelación de salarios.

“Vamos a empezar una campaña de recogida de comida para todos los compañeros que llevan un mes sin cobrar”, avisa el sindicato UIT”

“La empresa trae gente nueva para cubrir las bajas pero este año es probable que Metro no pueda cubrir el refuerzo de la campaña de Navidad. Hubo un fin de semana que no hubo nadie vigilando el metro porque estuvimos de huelga y a Metro parece que le da igual. Saben que si rescinden el contrato de SIC ninguna empresa va a poder igualar ese precio, así que va aguantando hasta que los vigilantes reventemos”, indica Gómez. Según el sindicato UIT, el Metro de Madrid ha reducido un 40% los agentes de seguridad en los últimos cuatro años.

“Muchos días estás solo en el metro y te aparece un montón de gente que viene de una fiesta tecno o de un partido de fútbol liándola y piensas ‘ahora si quieren me pueden matar’. Y encima no puedes usar la defensa o los grilletes porque a la gente le parece que es una cosa de los tiempos de Franco. La indefensión es total. Cejas abiertas, botellazos, pinchazos de navaja, los vigilantes nos exponemos a cualquier peligro solos y sin recursos y los usuarios no lo saben”, asegura el presidente de UIT.

Insultos y menosprecio

“En España, si un vigilante dice que no hagas algo nadie le hace ni caso. En Estados Unidos se les respeta como a un policía, pero aquí te empujan por las escaleras o te escupen cuando bajas por una grada. A nadie le importa la seguridad en España. Un club de fútbol o el Metro o quien sea necesita contratar seguridad porque lo exige la ley y para quedar cubiertos por el seguro, y por eso contratan a la empresa más barata. Si esta paga una miseria a sus empleados o los maltrata les da igual. Los vigilantes somos carne para sostener el sistema”, valora Gómez.

“Las faltas de respeto son constantes. A mí me han dado varias palizas y nadie me ha venido a preguntar cómo me encuentro. La ley no nos ampara, pegarle a un vigilante sale gratis. Si saliera igual que agredir a un policía todo sería muy diferente”, se queja Pedro tras su pancarta que casi ninguno de los cientos de usuarios del metro mira. Solo dos personas, un joven y una mujer mayor, se interesan por él. Suspiran por la injusticia y se van.

Las empresas necesitan contratar seguridad para quedar cubiertos por el seguro. Los vigilantes somos carne del sistema.

Es más, desde Marea Negra aseguran que los vigilantes son siempre sospechosos ante cualquier altercado. Y citan como ejemplo los sucesos del pasado agosto en el macro festival Arenal Sound, en el que hay tres vigilantes detenidos y otro investigado por una trifulca. Carbonell asegura que llevará el caso al Congreso de los Diputados para que se debata la capacidad profesional de los vigilantes que se contrata en grandes eventos. “Si tú pagas 20 euros por hora en tu concierto, tendrás buenos profesionales. Pero si pagas 8 no tendrás ni los mejores profesionales ni los más motivados”, indica.

“Durante la crisis mucha gente se pasó a la seguridad tras quedarse en paro. Pero ahora están volviendo a sus empleos habituales, como camionero o albañil. Ser vigilante se ha convertido en lo peor de lo peor en buena medida porque las empresas de seguridad abusan de los trabajadores mientras los sindicatos miran hacia otro lado”, afirma el vigilante de Cataluña, que vive los mismos sinsabores que sus compañeros en Madrid. “Cuando voy a un eventome tratan como a un conserje. ‘Ve ahí y haz esto’, o ‘dile a mi compañero lo otro’. Nadie entiende que nosotros estamos para velar por la seguridad. Luego cuando hay un incidente todos se acuerdan de nosotros, generalmente para echarnos las culpas”.

Este vigilante pone el conflicto de Eulen en el aeropuerto de El Prat como el ejemplo del menosprecio más absoluto. “Esos vigilantes solo pedían una mejora mínima de salario y que les dieran unos minutos de descanso. ¿Cuál fue la reacción de la empresa y de la gente? Criminalizarlos”.

Y así, no hay vigilante al que se pregunte que no quiera dejar este trabajo.David Ortega, tras 14 años vigilando el Hospital de La Paz, en Madrid, se reconoce “muy quemado” y está estudiando un curso de acceso a la universidad para salir del agujero al que le abocan sus 900 euros al mes por 12 horas de trabajo. “Estoy cansado de jugarme una paliza cuando intento mediar en un conflicto o de recibir golpes en la unidad de psiquiatría. Quiero tener un trabajo con un sueldo y unas condiciones dignas y la seguridad, por desgracia, nunca me lo va a dar”.

Fuente: El Confidencial (David Brunat)

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