Por un Real Decreto de la Reina Isabel II en el año 1.849, se formó el Guarderío Rural. Curiosamente en estos primeros lustros, los guardas jurados eran requeridos por municipios, sindicatos agrarios, hermandades profesionales, gentes de mesta, gremios y demás entidades colectivas, que- dando para guardas no jurados dos nichos específicos “los latifundios y los guardas de uvas” el Guarderío Rural alcanzaría en tiempo de Isabel II su máximo apogeo siendo el gran protagonista en cuanto la seguridad en el medio rural. 

 

Desde el prisma de la operativa la condición de la Agente de la Autoridad que la norma le confería se vio ampliamente reforzada con la publicación en 1,882 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal en la que el Guarda de Campos, montes o sembrados, Jurados o Confirmados por la Administración serían individuos integrantes de la Policía Judicial según su Art. 283 en su punto sexto, confirmando así al Guardia Jurado como una herramienta de máxima efectividad en cuanto a la colaboración en cuestiones de orden público, pues además del perfecto cumplimiento de su cometido, sus facultades periciales en la determinación de la procedencia o topología de daños en cultivos, haciendas, predios y demás propiedades y su valoración actual y de sus futuros frutos, como también era frecuente que forajidos huidos cayeran en manos de Guardas Jurados. 

 Pero un hecho truncó en gran medida este desarrollo exponencial del Guarderío el “gran despliegue” que protagonizó la Guardia Civil fue realizado en cierto modo a costa de los guardas, ya que los 20,000 hombres de incremento fueron en gran medida conseguidos al cesar mediantes Decreto a los Guardas Jurados Municipales y amortizar en pro de estas de Guardias Civiles. 

En 1,876 se aprobaría el Decreto por el que se declara cesados todos los Guardas Jurados Municipales y de otros estamentos oficiales, para el traspaso de efectivos a la Guardia Civil que se ve incrementado en dicho número, además la Real Orden de 9 de agosto adiciona a la Cartilla y Reglamento de la Guardia Civil las nuevas normas de Guarderío Rural pasando  a ser artículos como por ejemplo en 100,101,102 nos ordenan tanto a Guardas como a Guardias. Sería interesante constatar cuántos de estos nuevos 20,000 Guardias Civiles habían sido Guardas Jurados, si antes hablábamos de que las figuras de control medioambiental procedíamos de un tronco común, siendo primos de sangre, ahora y a la vista de lo ocurrido podemos decir sin duda que el Guarderío y la Guardia Civil llevan la misma sangre, pues no solo ha compartido efectivos, sino que desde 1,876 a 1,992 se regirán por la misma norma. 

 

En orden a la colaboración siempre el Guarda a tenido una relación muy especial con la Guardia Civil, el Guarda era una de las pocas figuras que rompía con el sistema de acuartelamiento del Benemérito instituto, entrando y saliendo prácticamente con entera libertad, más era considerado como un número más del puesto que como alguien ajeno, de otra parte la presencia de la Guardia Civil ha sido siempre la ayuda y la salvación del Guarda y siempre los Guardas nos hemos entendido subordinados a esta, ya que en buena lid y como reza nuestro credo “es la Guardia Civil la titular de nuestra misión”.

Como bien puede observarse el Guarderío, en cuanto a su faceta de “Seguridad Privada”, ha sido tradicional y constantemente vaciado de nichos de trabajo y de efectivos, demostrando siglo tras siglo que el patrimonio del Guarderío son sus componentes, Guardas de buen criterio, firmemente comprometidos con el orden en los campos, y eso es un valor en todos los tiempos que difícilmente puede ser ignorado por quien quiera gobernar efectivamente al territorio rural.